Estados Unidos e Irán amenazaron el domingo con atacar infraestructura crucial luego de más de tres semanas de una guerra en Oriente Medio que ha puesto en riesgo vidas y medios de subsistencia en toda la región.

Irán advirtió que el estrecho de Ormuz, una vía crucial para el comercio de petróleo y otras exportaciones, sería “cerrado por completo” de inmediato si Estados Unidos cumple las amenazas del presidente Donald Trump de atacarsus centrales eléctricas. El sábado por la noche, el mandatario estadounidense estableció un plazo de 48 horas para que Teherán abra el estrecho.

Altos funcionarios israelíes visitaron una de dos comunidades ubicadas cerca de un centro de investigación nuclear en el sur del país que fueron alcanzadas por misiles iraníes esa noche, dejando decenas de personas heridas. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu dijo que fue un “milagro” que nadie haya fallecido.

Netanyahu también alegó que su país y Estados Unidos están bien encaminados a alcanzar sus objetivos de guerra: se ha hablado de debilitar el programa nuclear, de misiles y la red de apoyo iraní a sus aliados armados, y de facilitar que el pueblo de Irán derroque al gobierno teocrático.

Irán prácticamente ha cerrado la navegación por el estrecho de Ormuz —que conecta al golfo Pérsico con el resto del mundo—, mientras alega que permitirá el paso seguro a embarcaciones de países que no sean sus enemigos. Aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa a nivel mundial pasa por esa vía, pero el tránsito de petroleros se ha paralizado casi totalmente debido a los ataques contra buques.

Trump advirtió el sábado que si Irán no reabre el estrecho, Estados Unidos destruiría “sus diversas centrales eléctricas, ¡empezando con la más grande!”.

Washington ha argumentado que la Guardia Revolucionaria de Irán controla gran parte de la infraestructura del país y la utiliza para financiar su ofensiva bélica. El derecho internacional establece que únicamente se puede atacar centrales eléctricas que benefician a civiles si la ventaja militar que se obtendría por destruirlas supera el sufrimiento que causa a la población civil, según expertos jurídicos.

Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, respondió en la red social X que, si se ataca a las centrales eléctricas y la infraestructura del país, entonces la infraestructura vital de toda la región —incluidas instalaciones energéticas y de desalinización fundamentales para el agua potable en países del Pérsico— sería considerada un blanco legítimo y quedaría “destruida irreversiblemente”.

Ghalibaf añadió posteriormente que “las entidades que financian el presupuesto militar de Estados Unidos son blancos legítimos”.

Los ataques contra centrales eléctricas serían “inherentemente indiscriminados y claramente desproporcionados”, y un crimen de guerra, escribió el embajador de Irán ante Naciones Unidas en un documento dirigido al Consejo de Seguridad, según la agencia estatal de noticias IRNA.