El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, convocó a los ministros de Relaciones Exteriores de más de 60 países a una reunión que se celebrará el jueves de la próxima semana en Washington para abordar lo que el presidente Donald Trump define como el «resurgimiento del terrorismo transnacional de extrema izquierda», una iniciativa que ya provocó preocupación entre aliados europeos, diplomáticos y especialistas por el posible uso político del concepto de terrorismo.
Según reveló The Washington Post, la reunión buscará coordinar una respuesta internacional frente a organizaciones consideradas por la Casa Blanca como violentas, anarquistas o vinculadas a la extrema izquierda.
Entre los países invitados figuran la mayoría de las naciones europeas, así como varios países de América Latina, entre ellos la Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México, además de varios asiáticos como India, Indonesia y Singapur.
Funcionarios del Departamento de Estado sostienen que el sistema de contraterrorismo estadounidense necesita adaptarse a amenazas que, según afirman, fueron subestimadas durante años y que incluyen ataques contra autoridades, infraestructura crítica y fuerzas de seguridad. Sin embargo, la iniciativa despertó fuertes cuestionamientos dentro y fuera de Estados Unidos.
De acuerdo con The Washington Post, diplomáticos europeos expresaron desconcierto por el contenido de la invitación y temen que Washington intente ampliar la definición de «organización terrorista extranjera» para justificar herramientas de investigación y vigilancia sobre ciudadanos estadounidenses vinculados a movimientos como Antifa o a grupos que Trump suele calificar como «comunistas peligrosos».
Antifa, que es una abreviatura de «antifascistas», es un término general para grupos activistas de extrema izquierda y no constituye una entidad única.
El objetivo de la agrupación es impedir que esas corrientes tengan una plataforma para promover sus ideas, argumentando que la manifestación pública de estas conduce a ataques contra personas marginadas, incluyendo minorías raciales, mujeres y miembros de la comunidad LGBTQ+.
A diferencia de los movimientos o los partidos de izquierda convencionales, el grupo no busca conseguir cuotas de poder, ganar elecciones o influir en la aprobación de leyes en el Congreso.
























