Lejos del «cese al fuego energético» anunciado unilateralmente por Donald Trump hace una semana y nunca materializado en el terreno, Ucrania y Rusiacontinúan sus ataques contra instalaciones energéticas.

Como si se tratase de una respuesta simbólica a las críticas de Trump –que se ha enfocado solo en Kiev, luego de firmar un acuerdo con Rusia para levantar las sanciones a las exportaciones de diésel ruso–, las fuerzas ucranianas lanzaron este domingo 18 de octubre uno de sus mayores bombardeos aéreos hasta la fecha, con más de 1.000 drones destinados a territorio ruso.

Entre las instalaciones alcanzadas figuraron las infraestructuras petroleras de San Petersburgo, ciudad natal del presidente ruso Vladímir Putin y poseedora de extensas reservas de diésel.

Allí, el gobernador local Alexander Beglov confirmó incendios tanto en la Terminal Petrolera de San Petersburgo como en el depósito de petróleo de Ruchi, el más importante de la ciudad, con una capacidad de almacenamiento de 74.000 metros cúbicos, según Energybase.

Precisamente, Ruchi se utiliza para suministrar gasolina AI-92 y AI-95 y diésel, mientras que la otra terminal atacada cuenta con 21 bodegas de combustible, según la prensa local.

Los drones ucranianos también provocaron un incendio en un centro logístico de casi 80.000 metros cuadrados de la compañía de comercio electrónico Ozon y dañaron un centro de datos de la compañía tecnológica VK, propietaria de la red social VKontakte, –conocida como el Facebook ruso– en Leningrado, que también fue objetivo de la ofensiva aérea.

Beglov señaló además que una persona murió –según datos preliminares, por la caída sobre su automóvil de un fragmento de un dron interceptado– y otras 15 resultaron heridas por los ataques nocturnos a San Petersburgo y Leningrado, que también alcanzaron una docena de edificios residenciales, dos casas particulares, un puente, un hospital y sectores de una autovía urbana.