No todo está dicho sobre el concierto que dio Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México el 9 de mayo de 1990.
Su traje de lentejuelas doradas y negras, su interpretación de “Hasta que te conocí” y la forma en la que consiguió que un teatro de ópera entero se pusiera a bailar están grabadas en el corazón y en la mente de innumerables fans de todo el continente americano.
A una década de su fallecimiento, se podrá ver como nunca gracias a la película de Sony Music Vision “Juan Gabriel: Mi primer Bellas Artes”, que se proyectará en cines de Estados Unidos y Latinoamérica esta semana.
“Ya no eras el que estaba sentado en la primera fila o en una butaca lejana, no, eras el que estaba parado junto a él en el concierto, ahí al lado, eso lo hace especial”, señaló Cuevas.
El filme tendrá el viernes, el día del 10mo aniversario luctuoso de Juan Gabriel, una función especial en el Millennium Park en Chicago en colaboración con el Museo Nacional de Arte Mexicano y en el resto de Estados Unidos el 15 de septiembre, presentándose en unas 440 salas por una noche única.
En Latinoamérica se estrenará el viernes en México, Chile, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú y Ecuador. El 3 de septiembre llega a Argentina y Colombia.
El filme, dirigido por la cineasta mexicana María José Cuevas, tiene tomas inéditas y una importante remasterización de su sonido que acercan al público aún más a esa noche legendaria. Cuevas, quien previamente dirigió la serie documental “Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero”, tuvo nuevamente acceso al archivo personal del cantautor para crear esta edición especial.
“Uno de los momentos que más me pusieron la piel chinita fue cuando metimos un cassette y vimos que había guardado toda la pedacería… cachitos de cámaras, de todo lo que no se usó o de todo lo que quedó fuera”, dijo.
Esas tomas que habían quedado descartadas en la edición de VHS del concierto eran las más cercanas a El Divo de Juárez de encuadre cerrado o medio cuerpo, en los que detalles tan pequeños, como su dentadura perfecta o las gotas de sudor por el éxtasis de su baile, son visibles























