Las autoridades estadounidenses acusaron el jueves al expresidente venezolano Nicolás Maduro de conspirar para torturar a sus conciudadanos con el fin de mantener su control del poder, aumentando la presión sobre el derrocado líder autoritario que ya enfrenta acusaciones por narcotráfico.

Maduro, quien previamente fue acusado de participar en una conspiración para enviar cocaína a Estados Unidos, ahora también enfrenta acusaciones de violaciones de derechos humanos durante su mandato como gobernante de la nación sudamericana rica en petróleo.

Maduro “autorizó el uso de la tortura contra individuos específicos y supervisó un sistema diseñado para usar la tortura, la detención arbitraria y la violencia como medio de represión contra la oposición política”, dice la acusación formal revisada contra Maduro y su esposa, Cilia Flores.

Las torturas incluyeron descargas eléctricas, golpizas y asfixia por orden de Maduro.

La acusación, al afirmar que miles de venezolanos fueron “acosados, amenazados, arrestados, procesados, agredidos, torturados o asesinados” por personas que actuaban por orden del gobierno que él controlaba, alega que los abusos incluyeron descargas eléctricas, golpizas y asfixia. Maduro, según la denuncia, autorizó métodos de tortura, solicitó y recibió actualizaciones sobre el trato a víctimas específicas, vio un video de una confesión forzada y amenazó personalmente con matar al hijo de un preso “como una forma de tortura psicológica”.

Flores, exlegisladora y exfiscal general, ayudó a desarrollar el sistema represivo y ordenó la tortura de algunas personas específicas, sostiene la acusación formal.

Ambos se han declarado inocentes en la causa penal por narcotráfico iniciada hace años en su contra y en la de numerosos supuestos colaboradores. Sus abogados han pedido que el caso sea desestimado con el argumento de que tienen inmunidad como líder y primera dama de un país extranjero.