Todos los días las sábanas de tu cama entran en contacto con la piel, que transmite sudor, aceites corporales y una cantidad de partículas que probablemente son invisibles a simple vista.

Y aunque aparentemente se vea limpia y hasta huela bien, médicos advierten que debes cambiar las telas al menos una vez por semana.

Es una recomendación directa de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), y también agrega que las sábanas deben ser lavadas con agua caliente. Asimismo, esta frecuencia ayuda a reducir la acumulación de células muertas, bacterias, ácaros del polvo y otros residuos.

La doctora Jennifer Lucas, dermatóloga de la Clínica Cleveland, señala: “Piensa en lo que haces por la noche, estás acostado, te mueves mucho. Y cuanta menos ropa uses, mayor será la exposición de tu piel a las fundas de almohada y las sábanas”.

En este sentido, la experta agrega: “Así se desprenden células de la piel y luego se acumulan bacterias, sobre todo si no lavas las sábanas con regularidad”.

¿Cuál es el riesgo de no cambiar las sábadas con frecuencia?

No significa que necesariamente vayas a enfermar, pero sí permite que aumente la cantidad de residuos y alérgenos acumulados.

En personas con alergias o asma, una mayor exposición a los alérgenos de los ácaros puede favorecer síntomas respiratorios. Además, la acumulación de sudor, grasa y suciedad puede contribuir a la irritación de la piel.

Los expertos también recomiendan mantener limpias las sábanas y fundas de almohada para evitar la acumulación de microorganismos que pueden favorecer problemas cutáneos, como el acné corporal.

Por eso, si una persona tiene alergias, asma, piel sensible, suda mucho, duerme con mascotas o atraviesa una enfermedad, puede ser conveniente aumentar la frecuencia de lavado.

Cleveland Clinic estima que una persona desprende aproximadamente 1.5 gramos de células de piel al día. Una parte termina en la cama y puede convertirse en alimento para los ácaros del polvo.

Estos microorganismos, con sus cuerpos y excrementos, pueden convertirse en desencadenantes de alergias y asma en personas sensibles.