Un análisis de 44 estudios, publicado en Frontiers in Psychology, relacionó el doomscrolling, desplazamiento compulsivo por contenido negativo en internet, con niveles más altos de ansiedad y angustia psicológica. Los resultados muestran una asociación, no una relación de causa y efecto.

El neurólogo Steven Resnick usa el término “cerebro helicóptero” para describir un estado de vigilancia elevada que puede activarse ante la sobrecarga de información, la incertidumbre y otros factores de estrés.

El especialista, jefe de la División de Neurología y director médico del Centro Integral de Ictus del Centro Médico Mount Sinai en Miami Beach (Florida), señaló a Fox News Digital que esta respuesta puede acompañarse de síntomas como fatiga, problemas de sueño, mareos, hormigueo, dolores de cabeza y molestias gastrointestinales. Aun así, los síntomas persistentes o inexplicables requieren una evaluación médica.

Diagnóstico complejo

Resnick dijo Fox que a menudo ve pacientes que experimentan síntomas que les cuesta explicar y que, en algunos casos, son evaluados por varios especialistas antes de poder identificarlos.

“Acaban acudiendo a un neurólogo, que los remite al gastroenterólogo, que los remite al cardiólogo y luego al reumatólogo”, afirmó.

“No entienden que lo que sienten es auténtico, es real; es el sistema nervioso el que se activa”, añadió.

Si bien la sobrecarga constante de información puede contribuir a este estado elevado de alerta, Resnick explicó que los mismos patrones pueden surgir en respuesta a los factores estresantes cotidianos y a hábitos profundamente arraigados.

Señales de que doomscrolling te está afectando

El doomscrolling está afectándote si consumes noticias o redes negativas de forma compulsiva y eso empieza a alterar tu ánimo, sueño, concentración o rutina diaria. Las señales suelen aparecer tanto en lo emocional como en lo físico.

Señales emocionales:

  • Sientes ansiedad, miedo, tristeza, irritabilidad o desesperanza durante o después de revisar noticias.
  • Tienes una urgencia constante de “no perderte nada” y actualizas el feed aunque el contenido te haga sentir mal.
  • Te cuesta desconectar de los problemas del mundo; sigues pensando en las noticias después de cerrar el móvil.
  • Notas cambios de humor repentinos, apatía, sensación de sobrecarga o una visión cada vez más negativa del entorno.
  • Te sientes impotente o agotado emocionalmente, pero aun así vuelves a leer más contenido negativo.

Señales físicas:

  • Duerme peor: te cuesta conciliar el sueño, te despiertas de madrugada o te acuestas mucho más tarde por mirar el teléfono.
  • Presentas fatiga, tensión muscular, dolor de cabeza, dolor de cuello u hombros, fatiga visual o molestias digestivas.
  • Puedes sentir sobrestimulación, nerviosismo o incluso aumento de la presión arterial tras exposiciones prolongadas a contenido estresante.

Señales en tu vida diaria:

  • Pierdes la noción del tiempo: entras a mirar una noticia y pasas mucho más tiempo del previsto desplazándote.
  • Tu concentración, trabajo, estudio o tareas cotidianas se ven interrumpidos por la necesidad de revisar el móvil.
  • Descuidas relaciones, ejercicio, descanso u otras responsabilidades por estar pegado a la pantalla.
  • Revisas las noticias varias veces al día o lees repetidamente artículos sobre el mismo tema, buscando una actualización tranquilizadora que no llega.

5 estrategias para interrumpir el estrés

Steven Resnick describió cinco estrategias para reconocer los patrones, calmar el sistema nervioso y desarrollar respuestas más saludables al estrés:

Reconocer las emociones: identificar y expresar lo que se siente puede ayudar a que la persona se sienta escuchada y segura.

Detectar patrones y desencadenantes: observar reacciones repetidas y las señales que las ponen en marcha permite responder con mayor conciencia.

Reforzar hábitos saludables: sustituir conductas poco útiles por otras más beneficiosas y asociarlas con recompensas inmediatas, aunque sean pequeñas.

«Flotar, en lugar de luchar»: ante la ansiedad, Resnick recomienda permitir que aparezca la sensación y, cuando sea seguro, afrontar la situación temida para aprender a asociarla con seguridad.