Parada en la puerta de un consultorio, Magaly Quispe esperaba el martes la atención de su bebé que llevaba cargado en un brazo mientras con el otro sostenía un pequeño tubo de oxígeno medicinal, un elemento esencial que comienza a escasear en La Paz, la sede de gobierno de Bolivia, debido a que ha quedado cercada tras casi tres semanas de bloqueos de manifestantes que piden la renuncia del presidente Rodrigo Paz ante la crisis económica que vive el país andino.

“Mi hijo recién ha salido del hospital, si mi hijo ha luchado por su vida cinco meses, por eso yo debo estar aquí. Voy a luchar”, dijo a The Associated Press Quispe, madre del pequeño Arón, que fue operado del corazón recién nacido.

Quispe, de 38 años, vive en la vecina ciudad de EL Alto y contó que tuvo que sortear numerosos bloqueos por la madrugada para llegar a la cita médica en La Paz.

En el hospital del Niño, en el centro de La Paz, donde hace unos días fue dado de alta Arón, solo cuenta con 36 horas garantizadas de oxígeno para 57 niños internados, aseguró a la AP el director del centro, Alfredo Mendoza.