Un perro que muerde durante el juego, un gato asustado que araña y hunde los colmillos, un murciélago hallado dentro de casa. Ante una mordida, la reacción de muchas personas es la misma: buscar en el botiquín el frasco de alcohol o el agua oxigenada y verterlo sobre la herida. Arde, hace espuma, y esa sensación se interpreta como señal de que “está desinfectando”.

Sin embargo, las guías de primeros auxilios y los protocolos de atención de mordeduras coinciden en algo distinto: lo primero y más importante no es un antiséptico, sino lavar la herida con abundante agua y jabón.

El alcohol y el agua oxigenada, usados de forma inmediata y como primera medida, no son la mejor opción.

¿Qué problema tiene el alcohol?

El alcohol es un desinfectante eficaz para superficies y para piel intacta, pero una herida abierta es otro escenario. Aplicado sobre tejido expuesto:

  • Provoca dolor intenso y puede irritar los bordes de la lesión.
  • Deshidrata y daña células sanas de la zona, que son justamente las que deben reparar el tejido.
  • No limpia por arrastre: mata o inactiva algunos microorganismos, pero no retira la saliva, la suciedad, el pelo ni los restos que el animal pudo dejar dentro de la herida.

El riesgo de una mordida no está solo en la superficie. Los colmillos pueden inocular bacterias en profundidad, y ningún líquido vertido por encima llega hasta allí.

¿Y el agua oxigenada?

El peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) genera la espuma blanca que muchos asocian con eficacia. Esa efervescencia se produce al contacto con la sangre y los tejidos, y varios estudios de laboratorio han mostrado que, en las concentraciones de uso doméstico, resulta tóxica para células que participan en la cicatrización, como los fibroblastos. En la práctica puede:

  • Retrasar el cierre y la reparación de la herida.
  • Dañar el tejido sano que rodea la lesión.
  • Dar una falsa sensación de seguridad, porque su poder antibacteriano es breve y limitado.

Por estas razones, la mayoría de las recomendaciones actuales de cuidado de heridas la desaconsejan como rutina.

Lo que hay que hacer: lavar, lavar y lavar

La medida con mayor respaldo es el lavado inmediato y prolongado:

  1. Lavar con agua corriente y jabón durante al menos 15 minutos, dejando que el agua arrastre la saliva y los residuos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda esta práctica de forma explícita ante posible exposición a la rabia.
  2. Enjuagar bien y secar con una gasa o un paño limpio.
  3. Cubrir sin apretar con un apósito estéril.
  4. Acudir cuanto antes a un servicio de salud, aunque la herida parezca pequeña.

Un matiz importante: una vez completado el lavado, el personal de salud puede indicar un antiséptico, como la povidona yodada, o en algunos protocolos, alcohol al 70%, como medida complementaria. La diferencia está en el orden y la función: el antiséptico acompaña al lavado, nunca lo sustituye, y conviene que lo indique un profesional.

¿Por qué no basta curar en casa?

Una mordida puede traer consecuencias que ningún producto de botiquín resuelve:

  • Rabia: enfermedad casi siempre mortal una vez que aparecen los síntomas, pero prevenible si se actúa a tiempo con lavado, vacuna y, en algunos casos, inmunoglobulina.
  • Tétanos: se evalúa el esquema de vacunación y se refuerza si corresponde.
  • Infecciones bacterianas: las mordidas de gato son especialmente propensas a infectarse porque sus dientes inyectan bacterias en profundidad. Puede requerirse tratamiento con antibióticos.
  • Lesiones de estructuras profundas: tendones, articulaciones o nervios, sobre todo en manos y cara.

Por eso se recomienda consultar sin demora, y con mayor urgencia si la mordida es profunda, está en cara, cuello, manos o articulaciones, si el sangrado no cede, si la persona es un niño, tiene defensas bajas o diabetes, o si el animal es desconocido, salvaje o tiene un comportamiento extraño.

Otros errores comunes

Además del alcohol y el agua oxigenada, los especialistas desaconsejan:

  • Aplicar remedios caseros como tierra, café, ajo, hierbas o cremas sin indicación.
  • Hacer torniquetes o intentar “sacar el veneno” o la saliva por succión.
  • Cerrar la herida con pegamentos o vendajes herméticos antes de que la evalúe un profesional.
  • Esperar a ver si evoluciona cuando se desconoce el estado de vacunación del animal.

Prevención y seguimiento animal

Si la mordida fue de un perro o gato doméstico, es útil identificar al dueño y comprobar su vacunación antirrábica. En muchos protocolos, el animal conocido se mantiene en observación durante unos 10 días para descartar signos de enfermedad. Si el animal no puede ser localizado o es silvestre, el personal de salud decide el esquema de profilaxis.

En síntesis, el ardor del alcohol y la espuma del agua oxigenada transmiten una idea falsa de eficacia. Ante una mordida de animal, el gesto que más protege es sencillo y está al alcance de cualquiera: agua corriente y jabón durante 15 minutos, y consulta médica inmediata. Lo demás puede esperar, y algunas cosas, mejor evitarlas.