El consumo de marihuana (cannabis) creció de forma sostenida en los últimos años, impulsado por la legalización en varios países y por la percepción de que se trata de una sustancia “natural” o de bajo riesgo. Sin embargo, la evidencia científica acumulada muestra que la marihuana sí produce efectos medibles en el cerebro, los pulmones y el sistema cardiovascular, especialmente cuando el consumo es frecuente, prolongado o comienza a edades tempranas.
Para arrojar luz sobre el tema, hicimos un repaso riguroso del tema en 2026, basado en investigaciones médicas y organismos de referencia, sobre cómo actúa el cannabis en el cuerpo humano. Para cuidarte y para cuidar, lo importante es tener información científica sobre el tema y entender de qué manera impacta en el cuerpo y por qué sí genera adicción.
Efectos de la marihuana en el cerebro
El principal compuesto psicoactivo de la marihuana es el THC (tetrahidrocannabinol). Esta sustancia actúa sobre el sistema endocannabinoide, una red de receptores que regula funciones clave como la memoria, la atención, el aprendizaje, el estado de ánimo y la toma de decisiones.
Memoria, atención y aprendizaje
Estudios de neuroimagen y pruebas cognitivas muestran que el consumo de marihuana puede afectar:
- La memoria a corto plazo.
- La capacidad de concentración.
- La velocidad de procesamiento de la información.
Estos efectos pueden ser transitorios tras un consumo ocasional, pero se vuelven más persistentes en consumidores frecuentes, especialmente si el uso comienza durante la adolescencia, cuando el cerebro aún está en desarrollo. El cerebro continúa madurando hasta alrededor de los 25 años, y la exposición al THC durante ese período se asocia con alteraciones duraderas en circuitos neuronales vinculados al control ejecutivo.
Riesgo de trastornos psiquiátricos
La evidencia indica una relación clara entre el consumo de marihuana y:
- Mayor riesgo de ansiedad y ataques de pánico.
- Episodios depresivos en personas vulnerables.
- Desencadenamiento de psicosis o esquizofrenia en individuos con predisposición genética.
Organismos como el National Institute on Drug Abuse señalan que el consumo regular de marihuana con alto contenido de THC aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos psicóticos, especialmente en jóvenes.
Dependencia y adicción
Contrario a la creencia popular, la marihuana sí puede generar dependencia. Se estima que alrededor del 9 por ciento de los usuarios desarrolla trastorno por consumo de cannabis, cifra que sube a cerca del 30 por ciento cuando el uso comienza en la adolescencia.
Los síntomas de adicción a la marihuana incluyen tolerancia, abstinencia (irritabilidad, insomnio, disminución del apetito) y dificultad para reducir el consumo.
Impacto en los pulmones y el sistema respiratorio
Fumar marihuana implica inhalar productos de combustión similares a los del tabaco. El humo del cannabis contiene partículas finas, monóxido de carbono y compuestos irritantes que afectan directamente a las vías respiratorias.
Bronquios y función pulmonar
El consumo regular se asocia con:
- Tos crónica.
- Aumento de flema.
- Sibilancias.
- Episodios de bronquitis crónica.
Según los Centers for Disease Control and Prevention, fumar marihuana daña el epitelio de las vías aéreas y puede debilitar las defensas pulmonares, facilitando infecciones respiratorias.
¿Produce cáncer de pulmón?
La relación directa entre marihuana y cáncer de pulmón aún no es concluyente, en parte por la dificultad de aislar el efecto del cannabis del consumo de tabaco. Sin embargo, el humo de la marihuana contiene varios de los mismos carcinógenos que el cigarrillo, y los expertos advierten que inhalar humo de forma regular nunca es inocuo para los pulmones.
Vapear o ingerir marihuana
El vapeo reduce algunos productos de combustión, pero no está exento de riesgos, especialmente cuando se utilizan cartuchos no regulados. Los comestibles, por su parte, evitan el daño pulmonar, pero aumentan el riesgo de sobredosis accidental debido a la absorción lenta e impredecible del THC.
Consecuencias cardiovasculares: el corazón también responde
El sistema cardiovascular es particularmente sensible al THC. Poco después del consumo, se produce un aumento de la frecuencia cardíaca y cambios en la presión arterial.
Ritmo cardíaco y presión
La marihuana puede provocar:
- Taquicardia (latidos acelerados).
- Elevación transitoria de la presión arterial.
- Descensos bruscos de presión al ponerse de pie (hipotensión ortostática).
En personas jóvenes y sanas, estos efectos suelen ser temporales. Pero en individuos con factores de riesgo cardiovascular pueden resultar peligrosos.
Riesgo de infarto y arritmias
Investigaciones publicadas en revistas médicas y citadas por la American Heart Association indican que el consumo de marihuana puede:
- Aumentar el riesgo de infarto poco después de su uso.
- Desencadenar arritmias cardíacas.
- Incrementar la carga de trabajo del corazón.
Por este motivo, la asociación recomienda precaución, especialmente en personas con antecedentes de enfermedad cardíaca, hipertensión o colesterol elevado.
Frecuencia, dosis y edad: factores clave
Los efectos de la marihuana no son iguales para todos. La evidencia médica muestra que el riesgo aumenta cuando:
- El consumo es diario o casi diario.
- Se utilizan productos con alto contenido de THC.
- El uso comienza en la adolescencia.
- Existen antecedentes personales o familiares de enfermedad mental o cardiovascular.
- El contexto también importa: combinar marihuana con alcohol u otras drogas potencia los efectos negativos sobre el cerebro y el corazón.
Lo que dice la ciencia hoy
Las principales instituciones de salud coinciden en un punto central: la marihuana no es una sustancia neutra para el organismo. Puede tener aplicaciones médicas específicas, bajo control profesional y con formulaciones estandarizadas, pero su uso recreativo frecuente conlleva riesgos reales y documentados.
El consenso científico actual no apunta al alarmismo, sino a la información basada en evidencia. Conocer cómo actúa el cannabis sobre el cerebro, los pulmones y el corazón permite tomar decisiones más conscientes, especialmente en un contexto donde la percepción social de riesgo es cada vez menor.
Conclusión: la marihuana afecta funciones vitales del cuerpo humano. Sus efectos pueden ser leves o graves según la persona, la dosis y la frecuencia. La ciencia es clara en algo: natural no es sinónimo de inocuo.
























