En el punto álgido de la ofensiva, era común ver en las calles de Minneapolis autos llenos de agentes de inmigración enmascarados, mientras miles de personas eran arrestadas cada semana en Texas, Florida y California.

El comandante principal de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, se ufanaba de demostraciones implacables de fuerza y agentes que irrumpían en cocinas de restaurantes, paradas de autobús y estacionamientos de Home Depot.

Los arrestos realizados por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas alcanzaron su punto máximo en diciembre, con casi 40.000 en todo el país, y fueron casi igual de altos el mes siguiente, según datos proporcionados al Deportation Data Project de la Universidad de California en Berkeley y analizados por The Associated Press.

Los asesinatos en Minneapolis, a finales de enero, de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes de inmigración y las denuncias de brutalidad policial llevaron a una reestructuración de los principales funcionarios de inmigración. En las semanas siguientes, los arrestos de ICE en todo el país cayeron, en promedio, casi un 12%.

Los sondeos han encontrado que el público en general consideró que el operativo de control migratorio en Minnesota fue demasiado lejos, un factor que pudo haber contribuido al abrupto despido de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, a principios de marzo.

Los números no siguen el mismo patrón en todas partes

Bovino, que se paseaba con aire desafiante con equipo táctico y era el rostro público de la ofensiva del gobierno de Trump, fue apartado tras los asesinatos en Minneapolis de Renee Good y Alex Pretti. Luego se envió al “zar” fronterizo Tom Homan a las Ciudades Gemelas para trazar un nuevo rumbo y anunció la reducción de agentes de inmigración en el estado el 4 de febrero.

Un análisis de AP de los registros de arrestos de ICE muestra que el departamento promedió 7.369 arrestos semanales en todo el país en las cinco semanas posteriores al anuncio de reducción de Homan, el periodo más reciente del que hay datos disponibles, frente a 8.347 por semana en las cinco semanas anteriores. Esas cifras de arrestos seguían siendo, en promedio, más altas que durante gran parte del primer año del segundo mandato del presidente Donald Trump, y fueron drásticamente más altas que durante el gobierno de Biden.