El presidente electo de Panamá, José Raúl Mulino, quien se impuso en las urnas con el fuerte respaldo del popular expresidente Ricardo Martinelli, tendrá que buscar consensos ante la nueva configuración del Legislativo, donde se dio una de las mayores sorpresas de los comicios del domingo con la irrupción de los independientes.

Hasta hace algunos meses atrás ni siquiera pasaba por su cabeza que llegaría a ser presidente. Ahora debe prepararse para liderar a un país fragmentado políticamente que enfrenta grandes desafíos económicos, la crisis del agua en el Canal de Panamá y la creciente migración irregular por el Darién.

Mulino, un exministro de Seguridad del pasado gobierno de Martinelli (2009-2014) y quien sustituyó al exmandatario en la boleta a último momento luego de que éste fue inhabilitado tras confirmarse una condena en su contra por blanqueo de capitales, se impuso con el 34,32% de los votos tras escrutarse el 98,70% de las mesas de votación, una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre el segundo Ricardo Lombana, del Movimiento Otro Camino, que se convirtió en la segunda fuerza política en la nación centroamericana.

El mandatario electo, de 64 años, llamó en su discurso de triunfo a la unidad nacional y prometió que en su gobierno, que debe iniciar el 1 de julio, no habría espacio para el revanchismo ni la persecución. Esto fue una referencia a las denuncias que por años ha recibido Martinelli en su contra en medio de procesos judiciales por corrupción.