El secretario de Estado, Marco Rubio, está inmerso en su última misión para tranquilizar a los nerviosos aliados de Estados Unidos en Europa sobre las intenciones del gobierno del presidente, Donald Trump, con la OTAN o, al menos, poner un rostro más amable a los cambios bruscos y la incertidumbre sobre la reducción de tropas estadounidenses.
Rubio asiste a una reunión de ministros de Exteriores de la OTAN en Suecia el viernes —el mismo día en que se espera que altos funcionarios del Pentágono informen a la alianza de 32 países sobre los planes del compromiso militar de Washington con la defensa europea en la sede de la institución en Bruselas.
La reunión de diplomáticos, que precede a una cumbre de líderes de la OTAN prevista para julio en Turquía, llega en medio de una gran incertidumbre acerca de cómo se desarrollará la guerra en Irán y sobre si se reanudarán los estancados esfuerzos de Estados Unidos para negociar el fin del conflicto entre Rusia y Ucrania. El resentimiento también sigue latente en el continente por las críticas de Trump a los aliados y por su interés en hacerse con el control de Groenlandia, un territorio perteneciente a Dinamarca, que también forma parte de la OTAN.
























