Miles de puertorriqueños enfrentan una escasez de agua tan grave que la gobernadora del territorio estadounidense ha movilizado a la Guardia Nacional y los servicios de emergencias atienden llamadas todos los días.
Las autoridades no han señalado públicamente la causa de la escasez, que afecta en gran medida a algunas zonas de las ciudades más pobladas, incluida la capital, San Juan. La empresa de servicios públicos de la isla extrae agua de ríos, embalses y acuíferos subterráneos que en el pasado cubrían las necesidades de sus 3,2 millones de habitantes.
Los residentes se ven obligados a comprar agua potable, gastar dinero en lavanderías y cargar pesados cubos por varios tramos de escaleras para lavar los platos, tirar de la cadena del inodoro y ducharse. Los mayores y las personas con discapacidad son las que más sufren, y los líderes comunitarios señalan que algunos han tenido que ser hospitalizados ante la persistencia de la falta de agua.























