La diabetes mellitus afecta a más de 530 millones de personas en el mundo, según la Federación Internacional de Diabetes, y constituye una de las principales causas de mortalidad prematura a nivel global. La actividad física ha sido reconocida desde hace décadas como un pilar fundamental en su tratamiento no farmacológico, capaz de mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir la glucemia y prevenir complicaciones cardiovasculares.
Sin embargo, una nueva generación de investigaciones ha comenzado a explorar una variable que hasta hace poco permanecía en segundo plano: el momento del día en que se realiza el ejercicio. Este enfoque —conocido como crono-ejercicio— abre una nueva puerta terapéutica que podría transformar las recomendaciones médicas para millones de pacientes diabéticos.
Durante años, la recomendación médica fue simple: muévase más. Caminar, nadar, andar en bicicleta —cualquier actividad física era mejor que ninguna para una persona con diabetes—. Pero la ciencia avanza, y hoy esa indicación tiene un matiz importante: cuándo se hace ejercicio puede ser tan relevante como cuánto se hace.
Nuevas investigaciones ratifican un estudio que en 2024 lideraron investigadores de la Universidad de Granada (España), publicado en la revista Obesity, que analizó cómo el momento del día en que se concentra la actividad física de intensidad moderada a vigorosa afecta los niveles de glucosa en adultos con sobrepeso u obesidad. Los resultados fueron contundentes: acumular mayor cantidad de ejercicio en la franja horaria de las seis de la tarde a la medianoche se asoció con una mejora notable en la regulación del azúcar en sangre, en comparación con quienes eran más activos durante la mañana.
El músculo que trabaja de noche
La explicación fisiológica detrás de este fenómeno tiene que ver con la forma en que el cuerpo procesa la glucosa a lo largo del día. Durante el ejercicio, los músculos captan glucosa del torrente sanguíneo mediante un mecanismo independiente de la insulina: las contracciones musculares activan transportadores especiales que permiten que el azúcar entre directamente a las células para ser utilizada como energía. Este efecto persiste entre dos y 48 horas después de finalizada la actividad física.
Al realizarse por la tarde-noche, este efecto de captación muscular coincide con las horas en que los niveles de glucosa en sangre suelen ser más elevados —especialmente después de la cena, la última comida del día—, lo que potencia su impacto sobre el control glucémico general.
Refiere Mayo Clinic que el ejercicio nocturno puede mejorar el descanso, lo cual es fundamental para el manejo metabólico, siempre que el ejercicio no sea excesivamente intenso justo antes de acostarse.
Implicaciones en la práctica clínica
Estos hallazgos tienen implicaciones directas en la práctica clínica. Hasta ahora, los médicos y educadores en diabetes rara vez consideraban el horario del ejercicio al diseñar un plan de actividad física para sus pacientes. La evidencia acumulada sugiere que este criterio —conocido en la literatura científica como timing del ejercicio— debería incorporarse como una variable más en las consultas médicas, junto con el tipo de actividad, su duración e intensidad.
La Federación Internacional de Diabetes, en sus guías de manejo de la actividad física, también recoge esta evidencia, señalando que el ejercicio moderado a intenso por la tarde y la noche tiene un impacto significativamente mayor sobre el control de la glucemia que el ejercicio matutino, y que puede ayudar a reducir la resistencia a la insulina.
Tipos de ejercicios más recomendados
Los especialistas coinciden en que la combinación de ejercicio aeróbico —como caminar a paso rápido, nadar o montar en bicicleta— con ejercicio de resistencia o fuerza muscular ofrece los mayores beneficios para las personas diabéticas. El primero mejora la sensibilidad a la insulina a través de adaptaciones metabólicas; el segundo aumenta la masa muscular, que actúa como un reservorio natural de glucosa y contribuye a su captación independientemente de los niveles de insulina.
Una caminata de 20 a 30 minutos a paso enérgico tras la cena, o una sesión de musculación ligera en horas vespertinas, podrían marcar una diferencia clínicamente relevante para quienes buscan reducir sus picos de glucosa nocturnos y matinales.
Monitoreo. Si la glucosa es inferior a 100 mg/dL antes del ejercicio, consuma un pequeño carbohidrato; si es superior a 250 mg/dL, se recomienda esperar y consultar al médico.
Constancia:. El mayor beneficio se obtiene al realizar ejercicio de manera regular y a una hora planificada.
Precauciones que no se deben pasar por alto
Sin embargo, los expertos advierten que el entusiasmo por los beneficios no debe llevar a descuidar los riesgos. La hipoglucemia —bajada brusca del azúcar en sangre— es una complicación posible durante o después del ejercicio, especialmente en pacientes que utilizan insulina o ciertos medicamentos orales. Por ello, es fundamental monitorizar los niveles de glucosa antes, durante y después de la actividad física, y ajustar las dosis de insulina o el consumo de carbohidratos en coordinación con el equipo médico tratante.
Del mismo modo, la hidratación adecuada es esencial: la deshidratación no solo afecta el rendimiento físico, sino que puede elevar la glucemia al desencadenar la liberación de hormonas del estrés. Y aunque el ejercicio nocturno parece óptimo desde el punto de vista metabólico, también debe cuidarse que no interfiera con la calidad del sueño, ya que dormir menos de seis horas o más de ocho horas se asocia con un peor control de la hemoglobina glucosilada (HbA1c).
























