En 2023, casi 1,200 millones de personas en el mundo padecían trastornos mentales, lo que representa un aumento del 95.5% desde 1990. Los trastornos de ansiedad y depresión fueron los más prevalentes, destacándose un incremento del 158% y 131%, respectivamente.
Entre los trastornos menos frecuentes se encontraron la anorexia, la bulimia y la esquizofrenia, aunque no con cifras tampoco desestimables: aproximadamente 4 millones, 14 millones y 26 millones de casos.
Estos datos, recogidos en un estudio publicado en la revista The Lancet, sugieren que la crisis sanitaria ocasionada por la pandemia sigue repercutiendo, con niveles elevados de ansiedad y depresión que no han regresado a cifras pre-pandémicas.
La investigación igualmente analiza las variaciones de estos trastornos en función de la edad, el sexo y otras variables sociodemográficas.
Factores subyacentes a la crisis
Expertos han identificado una serie de factores que contribuyen al aumento de trastornos mentales, como la inestabilidad económica, el trauma y la falta de acceso a atención médica.
“Si uno se detiene a reflexionar sobre las condiciones en las que viven las personas, lamentablemente no es sorprendente”, dijo Robert Trestman, jefe de psiquiatría y medicina conductual de la Facultad de Medicina Virginia Tech Carilion, en declaraciones citadas por CNN.
A pesar de una mayor apertura sobre la salud mental, la expansión de servicios para afrontarla no ha seguido el mismo ritmo.
Se destaca además la importancia de buscar ayuda profesional y mejorar factores de estilo de vida. Organizaciones como Mental Health America y Befrienders Worldwide ofrecen recursos y líneas de ayuda para quienes buscan apoyo en salud mental.
Identificación de síntomas comunes
Los síntomas más comunes de los trastornos mentales suelen agruparse en cambios en el estado de ánimo, el pensamiento, la conducta y el funcionamiento diario; identificarlos implica observar duración, gravedad y el impacto en la vida cotidiana y buscar evaluación profesional si varios síntomas persisten o empeoran.
Síntomas frecuentes
- Cambios del estado de ánimo: tristeza persistente, irritabilidad intensa o altibajos emocionales significativos.
- Ansiedad y miedo excesivos: preocupación constante, ataques de pánico, evitación de situaciones.
- Alteraciones del sueño y energía: insomnio o dormir demasiado, fatiga marcada y pérdida de interés en actividades antes placenteras.
- Problemas cognitivos: dificultad para concentrarse, recordar o pensar con claridad.
- Cambios en el apetito o peso: pérdida o aumento notables de apetito o peso sin causa clara.
- Síntomas psicóticos (menos comunes pero críticos): alucinaciones (oír/ver cosas que no existen), ideas delirantes o pensamiento desorganizado.
- Conductas impulsivas o autolesivas: consumo excesivo de alcohol/drogas, conductas de riesgo, intentos de autolesión o ideación suicida.
- Aislamiento social y deterioro funcional: retiro de relaciones, bajo rendimiento en trabajo/estudios, abandono de autocuidado.
Cómo identificar si preocuparse
- Duración y acumulación: Varios de los síntomas anteriores presentes durante semanas o más y no atribuibles a factores temporales.
- Impacto en la vida diaria: Interfieren en el rendimiento laboral/estudiantil, relaciones o autocuidado.
- Cambios inusuales o bruscos: Cambios de personalidad, comportamiento errático o pensamientos/descripciones que alarmen a familiares o amigos.
- Síntomas de alarma urgente: Pensamientos de hacerse daño o suicidio, perder contacto con la realidad (escuchar voces, ver cosas) o conductas peligrosas; requieren atención inmediata.
Qué hacer si usted o alguien presenta signos
- Hablar con un profesional de salud mental (psicólogo o psiquiatra) para evaluación y diagnóstico; muchas condiciones requieren pruebas clínicas y seguimiento.
- Buscar apoyo inmediato si hay riesgo de daño: Servicios de emergencia o líneas de ayuda locales en caso de crisis suicida o psicosis.
- Registrar síntomas: Anotar qué ocurre, cuándo, su duración, factores que los empeoran o alivian, y el impacto en la vida diaria para compartir en la consulta.
- Evitar autodiagnósticos y consultar fuentes fiables y profesionales para opciones de tratamiento (terapia, medicación, apoyo psicosocial).
























