Canadá cerró filas el domingo en torno al primer ministro, Mark Carney, y su decisión de plantar cara a Estados Unidos, en una muestra de unidad política, sindical y social ante una posible prolongada guerra comercial con el país vecino tras el fracaso de las negociaciones con Washington.

Desde los principales medios nacionales hasta los primeros ministros provinciales y organizaciones sindicales han respaldado la negativa de Carney a aceptar un acuerdo que, según explicó el sábado, amenazaba la soberanía canadiense, habría limitado su capacidad para negociar tratados con otros países y perjudicado sectores estratégicos como el automóvil.

Incluso el líder conservador, Pierre Poilievre, habitualmente muy crítico con Carney, afirmó que Canadá no podía aceptar «un mal acuerdo» y reclamó unidad nacional ante los aranceles estadounidenses.

La principal excepción ha sido la primera ministra de Alberta, la populista conservadora Danielle Smith, que apoyó abandonar las negociaciones pero cuestionó la respuesta arancelaria canadiense.

También los grupos sindicales han cerrado filas. Unifor, el mayor sindicato del sector privado canadiense y con fuerte presencia en la industria automovilística, afirmó que los negociadores hicieron «lo correcto» al abandonar la mesa y pidió represalias estratégicas contra Washington.

El respaldo se extiende a varios de los principales comentaristas políticos y económicos del país, que este domingo sostienen que aceptar las últimas exigencias de Washington habría supuesto sacrificar la soberanía canadiense sin garantizar estabilidad comercial.