Canadá cerró filas el domingo en torno al primer ministro, Mark Carney, y su decisión de plantar cara a Estados Unidos, en una muestra de unidad política, sindical y social ante una posible prolongada guerra comercial con el país vecino tras el fracaso de las negociaciones con Washington.
Desde los principales medios nacionales hasta los primeros ministros provinciales y organizaciones sindicales han respaldado la negativa de Carney a aceptar un acuerdo que, según explicó el sábado, amenazaba la soberanía canadiense, habría limitado su capacidad para negociar tratados con otros países y perjudicado sectores estratégicos como el automóvil.
Incluso el líder conservador, Pierre Poilievre, habitualmente muy crítico con Carney, afirmó que Canadá no podía aceptar «un mal acuerdo» y reclamó unidad nacional ante los aranceles estadounidenses.
También los grupos sindicales han cerrado filas. Unifor, el mayor sindicato del sector privado canadiense y con fuerte presencia en la industria automovilística, afirmó que los negociadores hicieron «lo correcto» al abandonar la mesa y pidió represalias estratégicas contra Washington.
El respaldo se extiende a varios de los principales comentaristas políticos y económicos del país, que este domingo sostienen que aceptar las últimas exigencias de Washington habría supuesto sacrificar la soberanía canadiense sin garantizar estabilidad comercial.























