El primer ministro canadiense Mark Carney acogió con satisfacción el jueves la perspectiva de que su país se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea, y afirmó que el acercamiento al continente garantizará que ningún país pueda controlar los mercados de Canadá o menoscabar su soberanía.
El discurso de Carney ante el Parlamento Europeo elogió repetidamente la cooperación entre Europa y Canadá, pero la relación con Estados Unidos —que ha definido la economía canadiense durante décadas y se ha ido deteriorando cada vez más— se cernió sobre su intervención.
Los aranceles de Trump, sus exigencias de concesiones económicas y sus repetidas alusiones a convertir el país en el 51er estado están empujando a Ottawa a reducir esa dependencia y buscar una relación económica, de seguridad y política mucho más profunda con Europa.
Expuso con claridad su propuesta: una integración más profunda entre Canadá y Europa en comercio, defensa, minerales críticos, inteligencia artificial, energía, espacio, investigación y servicios financieros para que ambas partes sean menos vulnerables a la presión económica y geopolítica. Más tarde dijo a reporteros que no quiere una membresía plena en la UE.
“No buscamos poder para dominar a otros”, señaló. “Por el contrario, buscamos resiliencia para que nadie pueda controlar nuestros mercados abiertos, menoscabar nuestra soberanía, amenazar nuestra integridad territorial o socavar nuestras libertades, nuestras democracias y nuestro Estado de derecho”.
El primer ministro recibió una efusiva bienvenida a su entrada en el hemiciclo en Estrasburgo, Francia, con muchos legisladores acercándose para estrecharle la mano y pedirle selfies, y una ovación en pie tras su intervención. Una eurodiputada llevaba puesta una camiseta de hockey canadiense.























