Tres semanas después de una cirugía por cáncer de pulmón, el papa León XIV inició el viernes una gira latinoamericana por tres países declarando que se sentía mejor de lo que parecía y atribuyendo su rápida recuperación a Dios, a buenos médicos y a su estilo de vida saludable.

El pontífice de 71 años llegó a Montevideo, Uruguay, el país más secular de América Latina, tras un vuelo de 13 horas y media desde Roma, durante el cual reconoció que “algunas personas” habían dudado de si podría realizar el agotador viaje de 12 días.

“Confieso que desde el primer día no tuve ninguna duda y estaba convencido de que este viaje tenía que seguir adelante”, dijo a los periodistas a bordo del avión papal.

Como para demostrarlo, puso manos a la obra de inmediato, atrayendo a enormes multitudes en Montevideo mientras entraba a la ciudad en su papamóvil de costados abiertos. El Vaticano estimó que 30.000 personas salieron a verlo pasar y a asistir a su primer acto en la ciudad.

A pesar del largo viaje, el papa se veía en buena forma cuando llegó a la Plaza Independencia para la bienvenida formal y el discurso, realizados al aire libre en una tarde ventosa. Saludó al presidente uruguayo Yamandú Orsi y a funcionarios del gobierno, sonriendo ampliamente mientras que, detrás de él, el viento azotaba las banderas de Uruguay y de la Santa Sede.

En sus palabras a Orsi —pronunciadas en español—, León elogió el desarrollo de Uruguay, pero recordó con delicadeza su herencia católica en un intento de proponer el catolicismo a los 3,5 millones de personas del país para enfrentar los desafíos actuales, un objetivo clave de su visita de tres días.

Insistió en que el Estado está obligado a cuidar de su gente, jóvenes y mayores, una referencia velada a las políticas permisivas en Uruguay con respecto al aborto y a la legalización en 2025 de la muerte asistida, ambas contrarias a la enseñanza católica.

A todos corresponde “procurar que cada persona pueda vivir con dignidad, recibir los cuidados que necesita y ser acompañada hasta el término natural de su vida”, señaló León, empleando terminología vaticana para expresar la oposición de la Iglesia a la eutanasia.