Un estudio publicado en JAMA Network Open analizó datos de casi 9,000 adolescentes de Estados Unidos. Entre quienes tenían teléfono inteligente a los 12 años, el 24% reportó al menos un síntoma de trastorno alimentario a los 14; entre quienes no tenían uno, la cifra fue inferior al 16%.
Los investigadores también hallaron que los adolescentes con teléfono eran más propensos a vincular su autoestima con su peso y a intentar controlarlo mediante la alimentación o el ejercicio.
El experto advierte que no solo importa si le compras un teléfono a tu hijo, sino también cuándo lo haces.
Comparación en redes puede afectar la imagen corporal
La pubertad es una etapa de cambios físicos y emocionales en la que aumenta la comparación con otras personas. Las imágenes editadas y seleccionadas que circulan en redes pueden intensificar la insatisfacción corporal, según los expertos citados.
Incluso los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) advierten que pasar más tiempo frente a las pantallas y en las redes sociales se asocia con una serie de consecuencias negativas para los niños, tales como depresión, baja autoestima y riesgo de experimentación con alcohol y drogas.
Sin embargo, es de destacar que el presente estudio encontró una asociación, pero no demuestra que tener un teléfono cause trastornos alimentarios ni determina la edad ideal para entregarlo.
¿Qué pueden hacer las familias?
Los especialistas sugieren introducir el acceso a redes de forma gradual y establecer límites sobre aplicaciones, horarios y uso del teléfono en el dormitorio.
Recomiendan conversar sobre los contenidos que ven los hijos y prestar atención a cambios en sus hábitos alimentarios o en la manera de hablar de su cuerpo.
Aplicaciones o contenidos más riesgosos
Las aplicaciones y contenidos que más pueden influir son los que combinan imágenes idealizadas del cuerpo, comparación social, recomendaciones sobre dieta y mecanismos de validación —“me gusta”, seguidores o comentarios—. El riesgo no depende solo de la plataforma, sino también del tipo de contenido, la frecuencia de exposición y la vulnerabilidad del adolescente.
Formatos y contenidos de mayor riesgo:
Redes sociales visuales, como Instagram, TikTok, Snapchat y plataformas similares. Las fotos y videos de cuerpos editados, rutinas de “transformación” y estilos de vida aparentemente perfectos pueden reforzar la comparación y la insatisfacción corporal.
Filtros, retoques y herramientas de edición facial o corporal. Pueden presentar como normales rasgos o proporciones poco realistas y aumentar la distancia entre la apariencia real y el ideal percibido.






















