El aumento de los costos del combustible, el descontento con el estado de las escuelas, el deterioro de los servicios públicos y una crisis de vivienda han creado un clima perfectamente tormentoso para un otoño de protestas en Europa.
Multitudes han salido a las calles durante semanas en grandes ciudades, lo que ha derivado en detenciones, saqueos, heridos y violencia en Francia, Italia y Albania. En España y Portugal, han surgido campamentos de tiendas de campaña en protestas contra alquileres y costos de vivienda inalcanzables.
“La gente joven se siente decepcionada con el modelo (social) y vive una fuerte sensación de incertidumbre, de falta de control”, afirmó María Silvestre, profesora de sociología de la Universidad de Deusto, en España. “Y cuando convergen situaciones concretas, como en España el desahucio de Maricarmen, de repente estalla una chispa que es capaz de aunar ese descontento y de lanzarlo a la calle”.
Políticos de derecha han aprovechado el caos. Aunque las protestas en Francia han parecido de base amplia, Trump consideró a los inmigrantes responsables de la destrucción y escribió en su plataforma Truth Social: “Los migrantes se han apoderado de Francia. ¡Deben CERRAR LAS FRONTERAS, RÁPIDO!”























