En un clima de tensión transatlántica sin precedentes comenzó este martes en Ankara la 36ª cumbre de la OTAN, la segunda organizada por Turquía tras la de Estambul en 2004.
Reunidos durante dos días en el palacio presidencial de Beştepe, los líderes de los 32 países miembros de la Alianza Atlántica tendrán que lidiar con la imprevisibilidad de su principal accionista: el presidente estadounidense Donald Trump, quien no ha dejado pasar oportunidad en los últimos días para presionar a sus aliados europeos, desde el canciller alemán Friedrich Merzhasta la primera ministra italiana Giorgia Meloni.
Consciente del riesgo de incidentes, la OTAN adoptó esta vez una organización más reducida. Trump llegó este martes poco antes de la cena oficial, a la que también asistirá el presidente ucraniano Volodimir Zelensky. El miércoles, los jefes de Estado y de gobierno celebrarán una sesión plenaria única y breve.
El objetivo del secretario general de la Alianza, Mark Rutte, y de los líderes presentes es claro: mostrar la unidad de los aliados en un contexto geopolítico marcado tanto por la evolución de la situación en Medio Oriente como por la continuación de la guerra en Ucrania, todo ello intentando evitar que la cumbre se descarrile debido a los cambios de humor de Trump.























